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El eslogan se hizo famoso después de las multitudinarias marchas de 2006 en respuesta a la propuesta de Ley Sensenbrenner que criminalizaba la presencia inmigrante en el país: “ahora marchamos y luego votamos”.

Se marchó contundentemente en 2006, llamando la atención del mundo.

En 2008 se votó, también con fuerza y al votar, la comunidad latina respaldó la alternativa de un candidato, Barack Obama, quien sabía que su triunfo dependía de ganar Nevada, Nuevo México, Colorado y Florida, esos estados donde el voto latino podía hacer la diferencia y que antes dominaban los republicanos.

Dos años después, otro 1 de mayo, otras marchas multitudinarias, aunque no con los números de las primeras. ¿Sirve o servirá de algo todo ésto?, es la pregunta de rigor. No hay reforma migratoria a la vista. El accionar de las autoridades migratorias sigue severo, deportando números récords de indocumentados, separando familias, arrestando a un creciente número de personas. Y ahora, la ley de Arizona.

Activistas de base, cabilderos y grupos más “guerrilleros” de la lucha pro inmigrante casi nunca están de acuerdo en tácticas de lucha, pero ahora coinciden en una cosa: el primer objetivo de su frustración y de su enojo ya no es el Partido Republicano, de quien en cualquier caso, no esperaban mucho (nada se les había prometido, después de todo).

El objetivo o los objetivos de la frustración, de las protestas son Barack Obama y el Partido Demócrata. Y no lo dice únicamente un “guerrillero” del activismo como Roberto Lovato, quien se ha tomado para sí el rincón de la oposición más radical a las políticas migratorias del actual gobierno. Lo dicen también los grupos centristas, los grupos cabilderos más grandes de Washington, quienes a su vez apuntan hacia Obama y el Congreso de mayoría demócrata, porque ya no les queda a quien más apuntar. Read more

Una encuesta del LA Times y USC sobre diversos temas halló algo hasta cierto punto sorprendente: el sentimiento anti inmigrante que ha causado tantos problemas, aprobación de leyes como la 187 en 1994 y otras medidas posteriores, está desapareciendo en el estado. En resultados cuyos detalles se conocerán el lunes, los votantes republicanos se muestran más favorables a un programa de legalización que a la restricción de servicios o la deportación de indocumentados.
Este es un cambio importante en California y demuestra que las campañas basadas en el sentimiento anti inmigrante no tienen mucho futuro. ¿Se escucha Mr. Poizner?

En este video se habla un poco de los resultados de dicha encuesta, que también anticipa que la contienda por la gubernatura será una “pelea de perros”. Es decir: muy costosa y cerrada.